La clasificación animada del gasto militar de 1960 a 2024 tiene una constante: Estados Unidos es primero en todos y cada uno de los años de la serie. En 2024 gastó unos 997.300 millones de dólares, aproximadamente lo mismo que los nueve países siguientes juntos.
China alcanzó el segundo puesto por primera vez en 2008 y lo ha mantenido desde entonces. Esa es toda la trama, y es un gráfico donde lo interesante está en leerlo bien más que en la clasificación misma.
Tres formas en que esta cifra engaña
Primero, son dólares nominales, no ajustados a la inflación. Todas las barras crecen a lo largo del periodo en parte porque el dinero vale menos, así que la comparación con sentido es la clasificación dentro de cada año, no la altura de una barra de 1970 frente a otra de 2024. Un gráfico de gasto nominal a lo largo de sesenta años es, en buena medida, un gráfico de la inflación.
Segundo, un dólar compra cantidades de defensa muy distintas en países distintos. El personal suele ser la mayor partida de un presupuesto militar, y los salarios en China, la India o Rusia son una fracción de los estadounidenses. Comparar presupuestos en bruto exagera sistemáticamente la diferencia en lo que esos presupuestos realmente adquieren. Los analistas usan ajustes por paridad de poder adquisitivo por ese motivo, y estrechan el panorama considerablemente.
Tercero, el gasto es una entrada, no un resultado. Mide lo que un país pone, no lo que puede hacer. Dos fuerzas con presupuestos idénticos pueden diferir enormemente en preparación, entrenamiento, logística y en si el material funciona. Los conflictos recientes han sido un recordatorio incómodo de que el tamaño del presupuesto predice el rendimiento en el campo de batalla mucho menos de lo que cabría suponer.
El hueco en los datos que cambia la historia
Rusia aparece en esta serie solo desde 1993. El Banco Mundial no tiene entrada para la Unión Soviética, así que durante toda la Guerra Fría —el periodo que más querría examinar quien mira el gráfico— uno de los dos participantes principales está simplemente ausente.
La consecuencia es que el gráfico muestra la carrera armamentística de la Guerra Fría con solo un bando visible. El gasto estadounidense sube frente a un campo de aliados de la OTAN, y el país contra el que realmente competía no está en pantalla. Quien lea la sección de los años sesenta y setenta sin saberlo sacará una conclusión que los datos no sostienen.
Merece la pena decirlo con claridad porque es el tipo de omisión fácil de pasar por alto y difícil de olvidar. Una serie ausente no es un cero, y un gráfico no puede explicar la diferencia.
Lo que sí muestra bien
Usada con cuidado, la clasificación capta cambios reales. El ascenso de China desde fuera del top diez hasta un segundo puesto asentado sigue tres décadas de crecimiento económico convertido en capacidad militar. El gasto de Arabia Saudí en relación con su población es llamativo. La aparición de Ucrania en los puestos altos en los últimos años no necesita explicación.
Y el hecho central sobrevive a todas las salvedades: Estados Unidos ha gastado más que cualquier otro país todos los años durante más de seis décadas, normalmente por un margen muy amplio. Las matizaciones cambian cuánto significa esa distancia. No la hacen desaparecer.