En casi toda discusión climática circulan dos clasificaciones de emisiones de carbono, y producen listas opuestas. Ordenadas por producción total, dominan China y Estados Unidos. Ordenadas por emisiones por persona, ni China ni la India aparecen entre las ocho primeras, y la lista la encabezan países que mucha gente no sabría situar en un mapa.

La tabla per cápita es una lista de petroestados

Catar lidera con unas 32,4 toneladas de CO2 por persona, seguido de Kuwait con 24,1, los Emiratos Árabes Unidos con 22,8 y Baréin con 22,3. Australia, Estados Unidos, Canadá y Arabia Saudí siguen entre 14 y 15 toneladas.

Los cuatro primeros comparten un perfil concreto: poblaciones pequeñas, industrias de hidrocarburos enormes y climas que hacen del aire acondicionado una necesidad y no una comodidad. La licuefacción de gas consume una cantidad extraordinaria de energía. También la desalinización, que es como estos países obtienen agua dulce. Divida ese uso industrial de energía entre una población de unos pocos millones y la cifra por persona se vuelve muy grande.

Ninguna de las dos clasificaciones es un truco

Es tentador tratar una de ellas como la medida honesta y la otra como propaganda. Las dos son legítimas; responden a preguntas distintas.

Las emisiones totales responden: ¿la producción de quién tiene que bajar para que baje la cifra mundial? En esa pregunta China y Estados Unidos son ineludibles, y Catar es un error de redondeo.

Las emisiones per cápita responden: ¿qué intensidad de carbono tiene aquí la vida de una persona? En esa pregunta la huella de un residente catarí es aproximadamente el doble que la de un estadounidense y muchas veces la de un indio.

Las discusiones sobre responsabilidad climática suelen girar en torno a cuál de las dos preguntas considera real quien habla. Los países con poblaciones grandes y emisiones bajas por persona prefieren el marco per cápita. Los países con poblaciones pequeñas y emisiones altas por persona prefieren el marco total. Ambos citan números reales.

Una tercera medida que ninguna clasificación capta

Hay una complicación adicional que ninguna tabla muestra: las emisiones se contabilizan donde se producen, no donde se consumen los bienes resultantes. Una fábrica en China que produce bienes para compradores europeos anota sus emisiones a China.

La contabilidad basada en el consumo, que reasigna esas emisiones al comprador final, eleva las cifras de los países importadores ricos y las reduce para los exportadores manufactureros. Es más difícil de calcular y por eso se cita menos, pero se acerca más, podría argumentarse, a lo que la mayoría de la gente quiere decir cuando pregunta quién es responsable.

Cómo leer una clasificación así

La lección práctica se generaliza mucho más allá de las emisiones. Siempre que una clasificación per cápita y una total discrepan con fuerza, la discrepancia suele ser la parte interesante. Indica que la magnitud está concentrada en un sitio inusual en relación con la población.

El mismo efecto aparece en la producción de petróleo crudo, donde Estados Unidos lidera en volumen mientras pequeños estados del Golfo lideran en producción por ciudadano, y en el consumo de cerveza, donde la República Checa encabeza la tabla por persona mientras países mucho más grandes beben más en total. Cuando alguien cita una clasificación sin decir cuál de las dos es, esa omisión está haciendo un trabajo.